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Rulfo: "El llano en llamas"

 

   La acciĆ­n de los cuentos de "El llano en llamas"se desarrolla en los lĆ­mites de la parte sureste de Jalisco, desde el Lago de Chapala hasta la frontera con los estados de Colima y MichoacĆ”n. 

  El tiempo de la acción tambiĆ©n estĆ” limitado aproximadamente a cuatro dĆ©cadas, desde la revolución de 1910 hasta comienzos de los aƱo 50. "El llano en llamas" presenta un mundo rural violento y desesperanzado, presidido por el hambre, la soledad y la muerte. 

  Los conflictos sociales y cotidianos de sus cuentos no son nuevos.
  En este texto la aportación de Rulfo radica en su capacidad para penetrar en el mundo interior del campesino mexicano con profundidad, descubrió este mundo y lo hizo presente en la literatura, la introspección y puntos de vista personales; monólogos interiores y flujo de la conciencia, subjetivismo. En este relato sobre la vida de su región estĆ” presente el MĆ©xico campesino, infortunado, que se mantiene en la periferia del progreso histórico, que aĆŗn espera la solución de sus problemas.

 

El lenguaje de la obra de Rulfo:


Oyendo los cuentos de los campesinos sobre las guerras, los bandidos o los fantasmas, cuentos que comenzaban con el invariable "ĀæTe acuerdas?", Rulfo fue aprendiendo inconscientemente a valorar la parquedad y la expresividad del habla popular, acostumbrĆ”ndose a su mĆŗsica y sintiendo gusto por las reiteraciones que comunicaban a este hablar un ritmo fascinante. Rulfo debe, a este lenguaje, las mĆ”s importantes impresiones desde su infancia.
Su estilo se basa en el lenguaje popular, de los campesinos de Jalisco; lenguaje parco y preciso, frases cortas, pocos adjetivoslenguaje exacto y expresivoEl diĆ”logo cotidiano, cuidadosamente elaborado.
En la recreación literaria del lenguaje rĆŗstico, en su intensidad expresiva, en su cuidadosa elección, estĆ”n los elementos que con mayor sabidurĆ­a y sentido estĆ©tico explotó este autor; escribe en forma simple, con personajes sencillos. Para plasmar este descubrimiento Rulfo se guió mĆ”s por el oĆ­do. El habla sobria y exacta, lenta y tensa, llevaba al escritor a las fuentes que la alimentan, la vida espiritual del pueblo y hacer esta vida comprensible para todos.
...su capacidad de adentrarse dentro de la supuesta "realidad" y lenguaje de los campesinos mexicanos y, al mismo tiempo, de elevar dicha realidad y dicho lenguaje al nivel literario...
   La narración es llevada por uno de los personajes desde el principio hasta el final; habla campesina, parca y a su vez detallada, por momentos difĆ­cil, y es, precisamente, en esta dificultad donde se encuentra la expresividad poco comĆŗn. Las voces humanas, reproducidas con toda su riqueza de entonación, forman el tejido artĆ­stico del cuento, en el cual sólo por momentos se insertan las observaciones lacónicas del autor.
  AsĆ­, desaparece la visión de los personajes desde arriba y desde afuera, para privilegiar la visión desde adentro, el discurso individual de personajes marginados cuyo lenguaje subvierte categorĆ­as y convencionalismos establecidos.
  La palabra  siempre viva, es el recurso fundamental y en la mayorĆ­a de los casos el Ćŗnico medio de caracterización de los personajes. Rulfo sabe aprovechar las posibilidades que brinda este recurso, con lo cual logra crear imĆ”genes de extraordinario realismo. 
En esencia los personajes de los cuentos de Rulfo reflexionan sobre la acción, en alta voz y en monólogos interiores, Cada uno es una personalidad irrepetible. 
Rulfo, por lo general, de inmediato y sin explicaciones preliminares, incorpora al lector al flujo de los pensamientos de sus personajes y lo obliga a escuchar sus conversaciones. Precisamente en los monólogos y diÔlogos se descubren las relaciones de los protagonistas con el mundo que los rodea y entre ellos mismos, y se presenta el cuadro de los acontecimientos que tuvieron o estÔn teniendo lugar.
Pero estos sucesos interesan al autor, sólo en la medida en que los mismos se reflejan en la conciencia de los seres humanos.

Entre los recursos narrativos de Rulfo se encuentran:
el diƔlogo
el monólogo interior, con la asimilación y profundización del lenguaje local
la dislocación y la simultaneidad de planos temporales.

 

Juan Rulfo: "No oyes ladrar los perros"

 

ExƩgesis:


  En "No oyes ladrar los perros" las imĆ”genes son fuertes y los diĆ”logos esenciales, pero la verdadera obra no estĆ” escrita en lĆ­neas, sino entre ellas.


   Nos encontramos con los dos Ćŗnicos personajes del cuento durante su viaje nocturno a Tonaya y poco a poco vamos descubriendo su situación, su historia y, sobre todo, la relación entre ellos. Ya en el principio aprendemos que el padre le estĆ” llevando a su hijo Ignacio en sus hombros porque Ć©ste estĆ” herido y necesita al mĆ©dico. El peso del cuerpo de su hijo no solo cansa al padre, sino tambiĆ©n le impide ver y oĆ­r su entorno. Por eso depende en Ignacio y le pregunta si "no oye ladrar a los perros" de Tonaya, el sitio de su salvación. Ignacio, por estar mal herido, cansado y al punto de desmayarse no oye ni ve nada. Juntos caminan asĆ­ por unas cuantas horas tras un paisaje desconocido e iluminado por la Ćŗnica compaƱera de los dos viajeros: la luna.


   La situación adquiere una nueva dimensión cuando el padre comienza con su monólogo dirigido a Ignacio en el cuĆ”l expresa sus sentimientos tan humanos y tan crueles al mismo tiempo. Ahora nos enteramos de que Ignacio estĆ” herido porque pertenecĆ­a a una bandilla criminal lo que su padre no le puede perdonar. Ɖste, a pesar de ser un villano sencillo, con su lenguaje llano manifiesta una profunda crisis personal. Por un lado se preocupa por su hijo y siente la obligación de salvarle, pero en el mismo tiempo le rechaza a Ignacio y se opone fuertemente a su manera de vivir.


   El padre internamente pasa de un extremo al otro y este cambio es acompaƱado por su propio tono. Cuando prevalece el amor fraternal, el padre le tutea tiernamente a su hijo y mantiene un tono muy personal y cariƱoso, pero de repente se convierte en un juez, se dirige a Ignacio como " usted" y mantiene esa distancia y formalidad. En esos momentos expresa su amargura, tristeza, dolor, desilusión y desesperanza causadas por Ignacio. Le habla de su difunta madre, de su infancia, de su pasado y presente y le critica de una manera muy directa, cruel y honesta. La oscuridad del entorno, la vejez y el cansancio del padre subrayan esta situación trĆ”gica. Ignacio no se defiende, estĆ” callado y nosotros no sabemos si su silencio implica una pesadumbre o un mal estado fĆ­sico.


   En el principio le contesta a su padre, aunque negativamente, a sus preguntas sobre los perros y las luces de Tonaya, pide agua, quiere que su padre le baje, pero con el paso del tiempo se calla completamente y la Ćŗnica evidencia de su presencia aparte del peso de su cuerpo son gotas que el padre tiene por lĆ”grimas. Nosotros no sabemos si tiene razón y las gotas realmente son el signo del arrepentimiento de Ignacio, o son la sangre, el signo de su muerte. Por fin los dos entran en Tonaya, el padre le baja a su hijo y con las orejas libradas oye claramente el ladrar de los perros. 


   Ahora tampoco sabemos si Ignacio estĆ” vivo o muerto, pero esta información pierde su significado con las Ćŗltimas palabras del padre: ā€œĀæY tĆŗ no los oĆ­as, Ignacio? No me ayudaste ni siquiera con esta esperanza.ā€ En este punto culmina la tragedia de los dos y se resuelve la lucha dentro del padre. La Ćŗltima frase manifiesta que el amor por su hijo se une con los reproches y el padre habla con Ignacio con una ternura autĆ©ntica, pero admite que su hijo era una gran desesperación para Ć©l.


   Aunque en este cuento la tragedia en el nivel personal se superpone a la del nivel global, los aspectos sociales se hacen visibles tras las vidas y las actitudes de los dos personajes. SegĆŗn su lenguaje llano y sencillo, el padre forma parte de la clase mĆ”s baja y podemos suponer que el hijo eligió un camino inaceptable para sus padres para escapar de la pobreza. AquĆ­ se ve una paralela con: Es que somos muy pobres y una continuación libre de la vida de Tacha mediante la historia de Ignacio. Uno puede adivinar que los padres de Ignacio se encontraban en la misma situación que los de Tacha y sentĆ­an el mismo resentimiento cuando sus hijos se rebelaron y adoptaron una manera de vida contradictoria a los valores morales de los padres.


   Uno puede imaginarse lo herido que un padre tiene que ser para repulsar y maldecir a su propio hijo y casi podemos sentir el amor eterno que le dirige a ese mismo padre a atravesar los lĆ­mites fĆ­sicos para salvar su hijo. AquĆ­, otra vez, la pobreza material e intelectual no se tiene de mano con la pobreza moral y espiritual, sino todo lo contrario. A lo mejor el enfado que el padre expresa hacia su hijo es en realidad su ira dirigida contra la sociedad que no le dio remedios para ayudarle a su hijo cuando era posible. Como hace aƱos cuando su hijo nació, tanto ahora no habĆ­a nadie quien quite ese cargo de sus hombros tan viejos y tan cansados.

 

 


                        Profesora: Miriam MĆ©ndez.

                                                *    *    *   *

Juan Rulfo: "No oyes ladrar los perros". AnÔlisis y estilo de su narrativa. (6º Noct.)

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